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jueves, 18 de octubre de 2012

CUBA "LIBRE" - Entrevista a Yoani Sánchez

Foto: AP

La reforma de las restricciones de viajes en Cuba y una entrevista telefónica con Yoani Sánchez

 

Cuba se despertó muy temprano el martes, con el rumor de nuevas reformas decretadas por el régimen castrista. Esta vez en un tema muy anticipado por todos los cubanos. La ‘Gaceta Oficial’ confirmó luego el decreto Nº302 que modifica la muy conocida Ley de Migración de 1976, la cual limita la entrada y salida del país de tanto cubanos como extranjeros. 

Los cambios hechos a la ley relajan especialmente los controles a los ciudadanos cubanos, que ya no necesitarán ni permiso de salida –la famosa ‘tarjeta blanca’ que era frecuentemente negada y tardaba años en tramitar- ni deberán tampoco presentar, como hasta ahora, una carta de invitación mandada desde el país al que deseen viajar. La modificada ley define ahora al pasaporte como único requisito para salir del país, al mismo tiempo que lo convierte en el principal mecanismo de control. Todos los que quieran viajar al extranjero deberán aplicar al nuevo pasaporte, aunque tengan uno vigente; y será el gobierno el que finalmente decida a quienes lo entrega. Los cubanos en el exterior también recibirán pasaportes, en teoría, y podrán volver, aunque solo por un tiempo limitado.

Pero los beneficios no alcanzan a todos. Los deportistas y médicos seguirán necesitando permisos especiales para evitar lo que el gobierno cubano califica como “robo de talentos”. La aplicación del decreto para los opositores es un tema aparte. La ley deja intactas las posibilidades del gobierno de negar la salida o ingreso de cualquier cubano o extranjero que sea considerado parte de “acciones hostiles contra los fundamentos políticos, económicos y sociales del Estado”.

Esta reforma entrará en vigor el 14 de enero del próximo año y ha sido esperada por años por muchos cubanos. Es parte de los diferentes cambios que viene llevando a cabo el gobierno desde la toma de poder de Raúl Castro, quien asumiera tras el deterioro de la salud de su hermano Fidel. 

Estas decisiones, a pesar de que son tomadas siempre de manera unilateral, son fruto también de la presión de nuevas generaciones de disidentes que no conocieron el inicio de la revolución. Entre ellos, la bloguera de 37 años Yoani Sánchez, quien lleva años desafiando de diferentes formas las restricciones del gobierno, para poder escribir sobre la situación política en Cuba. Para Sánchez el martes fue un día histórico ya que para ella los cambios, si bien limitados, son fruto de un gran esfuerzo y no se hubiesen dado por pura iniciativa del régimen. “Nosotros los hemos empujado a hacer esto”, aseguró en conversación telefónica con este periodista.

Yoani Sánchez fue una de las primeras en informar y opinar sobre el decreto
(Foto: Twitter @yoanisanchez)
Este lento proceso de transición, sin embargo, no es fácil. Hace unos días, más de una decena de personas, entre ellas Yoani, fueron arrestadas cuando intentaban asistir al juicio oral y público de Ángel Carromero. Carromero, ciudadano español, fue condenado esta semana a 4 años de prisión por su responsabilidad en un confuso accidente de tránsito en el que murieron cubanos opositores al régimen. Tras su liberación, Sánchez que escribe para El País de España, denunció a través de ese diario haber sido sometida a maltratos tanto físicos como psicológicos.

Esta es la situación en Cuba. La esperanza busca abrirse paso en uno de los pocos temas en que los cubanos suelen ser pesimistas: la recuperación de sus libertades y derechos. Estas libertades se perdieron hace mucho tiempo, junto a los ideales originales de la revolución cubana. Una revolución que alguna vez representó un ejemplo de verdadera búsqueda de dignidad, pero que finalmente cayó en la vieja falacia de que la búsqueda de igualdad y los derechos fundamentales de los ciudadanos no pueden ir de la mano. Hoy esta búsqueda de dignidad ya no la encarnan los hermanos Castro sino gente como Yoani. “Cuba no es ni el partido del poder, ni el sistema imperante, ni siquiera Raúl Castro. Cuba es nuestra”.


-Yoani, he visto diferentes reacciones ante la reforma de la Ley de Migración. Hay comentarios de alegría por lo que se cambió y de frustación por lo que no. ¿Qué sensación te dejó a ti el anuncio?
-Recuerdo haberme levantado con la alegría de la noticia de esta reforma, largamente aguardada. Desde hace más de una década habían rumores y expectativas de que se iba a flexibilizar la posibilidad de entrar y salir del país. Esta alegría me duró hasta que pude tener el decreto en mis manos y pude leer minuciosamente cada línea y cada página. A medida que la lectura avanzaba me fui dando cuenta que hay puntos positivos y negativos. 

Entre los positivos está que se elimina la confiscación de los medios de quienes se van de manera definitiva y que se retira la necesidad de una tarjeta de invitación. Esto último hacía que no pudieramos viajar a aquellos lugares donde no conocíamos a nadie. 
Otra cosa muy positiva es que se elimina el permiso de salida o “tarjeta blanca”. Este cambio además de que abarata los costos, elimina un trámite muy humillante que incluía todo un proceso de entrevistas y cuestionamientos ideológicos y políticos. 

-Ahora, entre los aspectos negativos están las restricciones que se mantienen para médicos y deportistas, y el especial hincapié que se hace en restingir la salida y entrada de cualquiera que el gobierno considere como opositor...
-Exactamente. Eso por un lado. Tambien que se mantiene el concepto de “salida definitiva”. Si yo nací en este país y soy un ciudadano, debería tener el derecho de poder regresar a mi país a radicarme cuando quisiera. Los exiliados son los grandes olvidados de esta ley, porque solo se les permite volver por un periodo de 90 días.

-Entonces, ¿es esta una reforma de verdad o solo un retoque?
-La reforma el estilo de cambio cosmético al que nos tiene habituados Raúl Castro. Pero, lo que pasa es que una cosa es lo que nos dice la ley y otra lo que la realidad después va creando. Estas flexibilizaciones en algo que ha estado muy bien atado durante demasiado tiempo, pueden desencadenar consecuencias impredecibles. Por ejemplo, en el tema de la compra y venta de casas. Hay muchas personas que tienen temor de vender para irse porque se les puede hacer difícil la salida o porque les pueden confiscar las propiedades. Ahora va a haber mucha más gente vendiendo sus casas antes de emigrar. Estamos a punto de vivir una redistribución inmobiliaria del país.

-¿Cuál es el ambiente general en Cuba? ¿Hay alegría? ¿Hay escepticismo?
-Alegría en el más amplio sector poblacional, escepticismo en los que leemos las letras chicas del decreto. El cubano promedio es una persona que no se graduó en medicina, ni ha tenido cargos estratégicos que le impidan salir por tener “secretos institucionales”, ni tampoco ni se cuestiona muchas cosas de la política o ha militado en un partido de oposición. Este cubano se ve muy beneficiado por la legalidad, porque se le acortan los trámites, se le abaratan los precios y se amplía el tiempo que puede pasar en el extranjero. Este cubano está muy feliz hoy.

-Me decías ayer que creías que había sido un día histórico. ¿Por qué?
-Sí, es un día historico. No por el resultado final, sino por la significación de lo que ha ocurrido. En primer lugar, es un día histórico porque, en mi opinión, significa que ya Raúl Castro está en el poder completamente sin la sombra de su hermano. Porque Fidel Castro jamás se hubiera dejado arrebatar el control de la suculenta tajada que significan todos los pagos del trámite de salida y entrada del país. 

Eso por un lado. Y por otro, porque a pesar de que el gobierno quiere presentar esta ley como una decisión voluntaria, eso es mentira. Lo cierto es que la presión sobre el tema migratorio había aumentado muchísimo en los últimos años. Ya era imposible el sostenerle a la opinión pública internacional por qué los cubanos tenemos que comportarnos como ciudadanos de la edad media, a los que se les abre o cierra las murallas del país. Eso era insostenible. ¿Pero qué ha hecho el gobierno? Pues lanzar el decreto ley con una gran campaña publicitaria alrededor, diciendo que ya se solucionó esto. Para que en los ciudadanos del mundo haya la falsa idea de que en Cuba ya no hay problema, y que ya los cubanos pueden entrar y salir libremente. 

Por eso un día histórico también. Porque a pesar de lo que dicen, nosotros los hemos empujado a hacer esto. Esto que es limitado y no todo lo que queríamos. Pero algo han tenido que mover. Han tenido que mover una ficha. Y cuando se mueve una ficha en un sistema tan controlado como el gobierno cubano, influye en todo el resto del globo.

-¿Qué crees que viene después de esto? ¿Qué le espera al país, al gobierno y a los disidentes?
-En la medida que se sigan dando leyes de reformas económicas, al mismo se va a seguir apretando la mano en el tema de las discrepancias políticas. Ese parece ser el método raulista: garrote y zanahoria. La zanahoria se reduce a permitir el trabajo por cuenta propia, a ir creando burbujas de inversión extranjera, a quizás permitir a los campesinos comerciar con mayor facilidad sus productos. Pero, por otro lado, estamos viviendo en la escena política una sinrazón, un ataque virulento a todas las diferencias, un aumento de las detenciones y un aumento de la ofensa a los líderes de la disidencia. Me parece entonces que esos son los caminos paralelos que vamos a ver. 

-¿Y más allá? ¿Cúal crees que es el futuro a largo plazo de Cuba?
-Yo soy pesimista a corto plazo y optimista a largo plazo. Creo que esta isla, la gente, incluso –y sobretodo- los exiliados tenemos todos la capacidad, la formación, el capital humano y la historia, para hacer de este un país del cual la gente no quiera escapar, sino quedarse a invertir su energía y tiempo, y prosperar. En el largo plazo creo que los cubanos vamos a encontrar un sistema propio y elegido, que no lo vamos a copiar a nadie. Un sistema que además se alimente de todo el talento nacional, de toda esa gente responsable que desea que los cambios se den sin violencia y sin grandes sectores dañados por la transición. 

En cambio, a corto plazo no soy optimista. El gobierno cubano ha llevado las cosas a un punto de fractura política. Ahora mismo, un problema que tiene la jerarquía cubana es que no tienen sustitución. Se han comido como Saturno a todos sus hijos. A todos los que lograron brillar con luz propia dentro de la política cubana los han alejado del poder. Están llevando al país a un punto donde puede haber caos social, vacío de poder y ajustes de cuentas. ¿Cómo se podría evitar? Si el gobierno llamara a un diálogo nacional, a un proceso de reconciliación con las muchas tendencias que hay en la isla. En lugar de eso se activa la polarización y se ahondan las diferencias. Y eso la historia ha demostrado que al final pasa factura trágica sobre los pueblos.

-Volviendo al tema de las reformas, ¿te parece curioso que estas lleguen antes que el fin del bloqueo estadounidense?
-Yo soy una persona totalmente contraria al embargo norteamericano. Pero no porque me crea la propaganda oficial de que por culpa del embargo estamos así. Sino porque considero que cae como anillo al dedo para justificar el descalabro económico, la sinrazón política y la falta de libertades. Siempre que pasa algo, cualquier cosa, desde la falta de cuerdas para un violín hasta que el arresto a un disidente, tengo que escuchar que es culpa del embargo. Me encantaría que el embargo terminara mañana o ahora mismo mientras hablo contigo. Para que, de una vez por todas, el gobierno se encuentre frente al espejo de su propia ineficiencia y de su totalitarismo.

-Tú has dicho que vas a solicitar el nuevo pasaporte necesario para salir del país. ¿Crees que te lo den?
-Creo que no me lo van a dar, pero voy a actuar como si lo creyera. Esa dosis de inocencia e ingenuidad es lo que me hace sobrevivir a un sistema donde el principal elemento neutralizador es que los ciudadanos pierdan la esperanza. Puede que me quiten el pasaporte pero no me van a quitar la esperanza. Voy a hacer los trámites como cualquier ciudadana que soy. Yo no tengo causas legales pendientes, no guardo secretos institucionales, ni soy médica. Entonces voy a actuar como si esta ley también se aplicara a mi y esperar a que ellos me digan el ‘no’. Yo voy a actuar como si el 14 de enero fuera a tener mi pasaporte listo para volar a cualquier parte del mundo.

-Imaginando que te lo aprueban y lograras viajar al extranjero, ¿volverías a Cuba?
-¡Claro! Eso no está en duda. Yo he vivido en el extranjero y he retornado. Aquí tengo mi familia, mis amigos y mi cultura. Además hace mucho tiempo me he dado cuenta que Cuba no son ellos. Cuba no es ni el partido del poder, ni el sistema imperante, ni siquiera -y muchísimo menos- Raúl Castro. Cuba es nuestra.