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| Foto: AP |
La reforma de las restricciones de viajes en Cuba y una entrevista telefónica con Yoani Sánchez
Cuba se despertó muy temprano el martes, con el rumor de
nuevas reformas decretadas por el régimen castrista. Esta vez en un tema muy anticipado por
todos los cubanos. La ‘Gaceta Oficial’ confirmó luego el decreto Nº302 que
modifica la muy conocida Ley de Migración de 1976, la cual limita la entrada y
salida del país de tanto cubanos como extranjeros.
Los cambios hechos a la ley relajan especialmente los controles
a los ciudadanos cubanos, que ya no necesitarán ni permiso de salida –la famosa
‘tarjeta blanca’ que era frecuentemente negada y tardaba años en tramitar- ni
deberán tampoco presentar, como hasta ahora, una carta de invitación mandada
desde el país al que deseen viajar. La modificada ley define ahora al pasaporte
como único requisito para salir del país, al mismo tiempo que lo convierte en
el principal mecanismo de control. Todos los que quieran viajar al extranjero
deberán aplicar al nuevo pasaporte, aunque tengan uno vigente; y será el
gobierno el que finalmente decida a quienes lo entrega. Los cubanos en el
exterior también recibirán pasaportes, en teoría, y podrán volver, aunque solo
por un tiempo limitado.
Pero los beneficios no alcanzan a todos. Los deportistas y
médicos seguirán necesitando permisos especiales para evitar lo que el gobierno
cubano califica como “robo de talentos”. La aplicación del decreto para los
opositores es un tema aparte. La ley deja intactas las posibilidades del
gobierno de negar la salida o ingreso de cualquier cubano o extranjero que sea
considerado parte de “acciones hostiles contra los fundamentos políticos,
económicos y sociales del Estado”.
Esta reforma entrará en vigor el 14 de enero del próximo año y
ha sido esperada por años por muchos cubanos. Es parte de los diferentes
cambios que viene llevando a cabo el gobierno desde la toma de poder de Raúl
Castro, quien asumiera tras el deterioro de la salud de su hermano Fidel.
Estas decisiones, a pesar de que son tomadas siempre de manera
unilateral, son fruto también de la presión de nuevas generaciones de
disidentes que no conocieron el inicio de la revolución. Entre ellos, la
bloguera de 37 años Yoani Sánchez, quien lleva años desafiando de diferentes
formas las restricciones del gobierno, para poder escribir sobre la situación
política en Cuba. Para Sánchez el martes fue un día histórico ya que para ella
los cambios, si bien limitados, son fruto de un gran esfuerzo y no se hubiesen dado
por pura iniciativa del régimen. “Nosotros los hemos empujado a hacer esto”,
aseguró en conversación telefónica con este periodista.
| Yoani Sánchez fue una de las primeras en informar y opinar sobre el decreto (Foto: Twitter @yoanisanchez) |
Este lento proceso de transición, sin embargo, no es fácil. Hace
unos días, más de una decena de personas, entre ellas Yoani, fueron arrestadas
cuando intentaban asistir al juicio oral y público de Ángel Carromero.
Carromero, ciudadano español, fue condenado esta semana a 4 años de prisión por
su responsabilidad en un confuso accidente de tránsito en el que murieron
cubanos opositores al régimen. Tras su liberación, Sánchez que escribe para El
País de España, denunció a través de ese diario haber sido sometida a maltratos tanto físicos como psicológicos.
Esta es la situación en Cuba. La esperanza busca abrirse paso en
uno de los pocos temas en que los cubanos suelen ser pesimistas: la
recuperación de sus libertades y derechos. Estas libertades se perdieron hace
mucho tiempo, junto a los ideales originales de la revolución cubana. Una
revolución que alguna vez representó un ejemplo de verdadera búsqueda de
dignidad, pero que finalmente cayó en la vieja falacia de que la búsqueda de
igualdad y los derechos fundamentales de los ciudadanos no pueden ir de la mano.
Hoy esta búsqueda de dignidad ya no la encarnan los hermanos Castro sino gente
como Yoani. “Cuba no es ni el partido del poder, ni el sistema imperante, ni
siquiera Raúl Castro. Cuba es nuestra”.
-Yoani, he visto diferentes reacciones ante la reforma
de la Ley de Migración. Hay comentarios de alegría por lo que se cambió y de
frustación por lo que no. ¿Qué sensación te dejó a ti el anuncio?
-Recuerdo haberme levantado con la alegría de la
noticia de esta reforma, largamente aguardada. Desde hace más de una década
habían rumores y expectativas de que se iba a flexibilizar la posibilidad de
entrar y salir del país. Esta alegría me duró hasta que pude tener el decreto
en mis manos y pude leer minuciosamente cada línea y cada página. A medida que
la lectura avanzaba me fui dando cuenta que hay puntos positivos y negativos.
Entre los positivos está que se elimina la
confiscación de los medios de quienes se van de manera definitiva y que se
retira la necesidad de una tarjeta de invitación. Esto último hacía que no
pudieramos viajar a aquellos lugares donde no conocíamos a nadie.
Otra cosa muy positiva es que se elimina el permiso de
salida o “tarjeta blanca”. Este cambio además de que abarata los costos,
elimina un trámite muy humillante que incluía todo un proceso de entrevistas y
cuestionamientos ideológicos y políticos.
-Ahora, entre los aspectos negativos están las restricciones
que se mantienen para médicos y deportistas, y el especial hincapié que se hace en
restingir la salida y entrada de cualquiera que el gobierno considere como
opositor...
-Exactamente. Eso por un lado. Tambien que se mantiene
el concepto de “salida definitiva”. Si yo nací en este país y soy un ciudadano,
debería tener el derecho de poder regresar a mi país a radicarme cuando
quisiera. Los exiliados son los grandes olvidados de esta ley, porque solo se
les permite volver por un periodo de 90 días.
-Entonces, ¿es esta una reforma de verdad o solo un
retoque?
-La reforma el estilo de cambio cosmético al
que nos tiene habituados Raúl Castro. Pero, lo que pasa es que una cosa es lo
que nos dice la ley y otra lo que la realidad después va creando. Estas
flexibilizaciones en algo que ha estado muy bien atado durante demasiado
tiempo, pueden desencadenar consecuencias impredecibles. Por ejemplo, en el
tema de la compra y venta de casas. Hay muchas personas que tienen temor de
vender para irse porque se les puede hacer difícil la salida o porque les
pueden confiscar las propiedades. Ahora va a haber mucha más gente vendiendo
sus casas antes de emigrar. Estamos a punto de vivir una redistribución
inmobiliaria del país.
-¿Cuál es el ambiente general en Cuba? ¿Hay alegría?
¿Hay escepticismo?
-Alegría en el más amplio sector poblacional,
escepticismo en los que leemos las letras chicas del decreto. El cubano
promedio es una persona que no se graduó en medicina, ni ha tenido cargos
estratégicos que le impidan salir por tener “secretos institucionales”, ni
tampoco ni se cuestiona muchas cosas de la política o ha militado en un partido
de oposición. Este cubano se ve muy beneficiado por la legalidad, porque se le
acortan los trámites, se le abaratan los precios y se amplía el tiempo que
puede pasar en el extranjero. Este cubano está muy feliz hoy.
-Me decías ayer que creías que había sido un día
histórico. ¿Por qué?
-Sí, es un día historico. No por el resultado final,
sino por la significación de lo que ha ocurrido. En primer lugar, es un día
histórico porque, en mi opinión, significa que ya Raúl Castro está en el poder
completamente sin la sombra de su hermano. Porque Fidel Castro jamás se hubiera
dejado arrebatar el control de la suculenta tajada que significan todos los
pagos del trámite de salida y entrada del país.
Eso por un lado. Y por otro, porque a pesar de que el
gobierno quiere presentar esta ley como una decisión voluntaria, eso es
mentira. Lo cierto es que la presión sobre el tema migratorio había aumentado
muchísimo en los últimos años. Ya era imposible el sostenerle a la opinión
pública internacional por qué los cubanos tenemos que comportarnos como
ciudadanos de la edad media, a los que se les abre o cierra las murallas del
país. Eso era insostenible. ¿Pero qué ha hecho el gobierno? Pues lanzar el
decreto ley con una gran campaña publicitaria alrededor, diciendo que ya se
solucionó esto. Para que en los ciudadanos del mundo haya la falsa idea de que
en Cuba ya no hay problema, y que ya los cubanos pueden entrar y salir
libremente.
Por eso un día histórico también. Porque a pesar de lo
que dicen, nosotros los hemos empujado a hacer esto. Esto que es limitado y no
todo lo que queríamos. Pero algo han tenido que mover. Han tenido que mover una
ficha. Y cuando se mueve una ficha en un sistema tan controlado como el
gobierno cubano, influye en todo el resto del globo.
-¿Qué crees que
viene después de esto? ¿Qué le espera al país, al gobierno y a los disidentes?
-En la medida que se sigan dando leyes de reformas
económicas, al mismo se va a seguir apretando la mano en el tema de las
discrepancias políticas. Ese parece ser el método raulista: garrote y
zanahoria. La zanahoria se reduce a permitir el trabajo por cuenta propia, a ir
creando burbujas de inversión extranjera, a quizás permitir a los campesinos
comerciar con mayor facilidad sus productos. Pero, por otro lado, estamos
viviendo en la escena política una sinrazón, un ataque virulento a todas las
diferencias, un aumento de las detenciones y un aumento de la ofensa a los
líderes de la disidencia. Me parece entonces que esos son los caminos paralelos
que vamos a ver.
-¿Y más allá? ¿Cúal
crees que es el futuro a largo plazo de Cuba?
-Yo soy pesimista a corto plazo y optimista a largo
plazo. Creo que esta isla, la gente, incluso –y sobretodo- los exiliados
tenemos todos la capacidad, la formación, el capital humano y la historia, para
hacer de este un país del cual la gente no quiera escapar, sino quedarse a
invertir su energía y tiempo, y prosperar. En el largo plazo creo que los
cubanos vamos a encontrar un sistema propio y elegido, que no lo vamos a copiar
a nadie. Un sistema que además se alimente de todo el talento nacional, de toda
esa gente responsable que desea que los cambios se den sin violencia y sin
grandes sectores dañados por la transición.
En cambio, a corto plazo no soy optimista. El gobierno
cubano ha llevado las cosas a un punto de fractura política. Ahora mismo, un
problema que tiene la jerarquía cubana es que no tienen sustitución. Se han
comido como Saturno a todos sus hijos. A todos los que lograron brillar con luz
propia dentro de la política cubana los han alejado del poder. Están llevando
al país a un punto donde puede haber caos social, vacío de poder y ajustes de
cuentas. ¿Cómo se podría evitar? Si el gobierno llamara a un diálogo nacional,
a un proceso de reconciliación con las muchas tendencias que hay en la isla. En
lugar de eso se activa la polarización y se ahondan las diferencias. Y eso la
historia ha demostrado que al final pasa factura trágica sobre los pueblos.
-Volviendo al tema
de las reformas, ¿te parece curioso que estas lleguen antes que el fin del
bloqueo estadounidense?
-Yo soy una persona totalmente contraria al embargo
norteamericano. Pero no porque me crea la propaganda oficial de que por culpa
del embargo estamos así. Sino porque considero que cae como anillo al dedo para
justificar el descalabro económico, la sinrazón política y la falta de
libertades. Siempre que pasa algo, cualquier cosa, desde la falta de cuerdas para
un violín hasta que el arresto a un disidente, tengo que escuchar que es culpa
del embargo. Me encantaría que el embargo terminara mañana o ahora mismo
mientras hablo contigo. Para que, de una vez por todas, el gobierno se
encuentre frente al espejo de su propia ineficiencia y de su totalitarismo.
-Tú has dicho que vas a solicitar el nuevo pasaporte
necesario para salir del país. ¿Crees que te lo den?
-Creo que no me lo van a dar, pero voy a actuar como si
lo creyera. Esa dosis de inocencia e ingenuidad es lo que me hace sobrevivir a
un sistema donde el principal elemento neutralizador es que los ciudadanos pierdan
la esperanza. Puede que me quiten el pasaporte pero no me van a quitar la
esperanza. Voy a hacer los trámites como cualquier ciudadana que soy. Yo no
tengo causas legales pendientes, no guardo secretos institucionales, ni soy
médica. Entonces voy a actuar como si esta ley también se aplicara a mi y
esperar a que ellos me digan el ‘no’. Yo voy a actuar como si el 14 de enero
fuera a tener mi pasaporte listo para volar a cualquier parte del mundo.
-Imaginando que te lo aprueban y lograras viajar al
extranjero, ¿volverías a Cuba?
-¡Claro! Eso no está en duda. Yo he vivido en el
extranjero y he retornado. Aquí tengo mi familia, mis amigos y mi cultura.
Además hace mucho tiempo me he dado cuenta que Cuba no son ellos. Cuba no es ni
el partido del poder, ni el sistema imperante, ni siquiera -y muchísimo menos-
Raúl Castro. Cuba es nuestra.
