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domingo, 16 de septiembre de 2012

LA PRIMAVERA INCENDIADA




El asesinato de la ‘primavera árabe’ y el jaque a Obama


Si es que a lo largo de este año los ideales originales de las revoluciones en el Medio Oriente parecían estar perdiéndose, esta semana parecen haber sido finalmente sepultados. Los sectores fundamentalistas islámicos, como el salafismo, aunque minoritarios entre los musulmanes, están logrando imponer su agenda de lucha violenta contra Occidente. El islamismo violento ha logrado desplazar de la escena a los jóvenes que lucharon –y murieron- el año pasado en más de una decena de países por un Estado libre, laico y democrático.

El último detonante de la violencia ha sido una película hecha en Estados Unidos en la que se representa al profeta Mahoma como un ladrón, estafador y mujeriego. Esta película, hecha hace varios meses pero traducida al árabe recién hace algunos días, ha provocado la ira del mundo musulmán. Ataques a embajadas norteamericanas se han llevado a cabo en al menos 12 países dejando centenares de heridos y más de 15 muertos.


El martes 12 en el incidente más grave hasta ahora, el consulado americano en Bengasi (Libia) fue tomado y el embajador, Christopher Stevens, muerto junto a 3 funcionarios más. Irónicamente Stevens, recordado por Hillary Clinton como un ‘enamorado de Oriente Próximo’, había mostrado su admiración por la revolución libia del año pasado y jugó un papel decisivo en la intervención de la OTAN a favor de los rebeldes, fundamental para el derrocamiento final del dictador Gaddafi.

El embajador norteamericano en Libia murió asfixiado en el ataque

La película, grotesca y ofensiva, que cruza con creces el límite de la blasfemia (para la religión musulmana el solo hecho de representar a Mahoma está prohibido), tiene su origen en el otro lado de la moneda: los sectores cristianos fundamentalistas de EEUU. Este sector profundamente arabofóbico, que también es una minoría del total de cristianos americanos, ha incrementado -al igual que los islamistas anti occidentales en Medio Oriente- su peso político y mediático en los últimos años. Ya sea a través de políticos del Tea Party, medios ultraconservadores como Fox News o pastores como Terry Jones que fomentan el odio religioso, estos sectores desarrollan dentro de la sociedad norteamericana una -no violenta, pero muy agresiva- lucha contra el Islam.

Si bien todavía es desconocida la motivación o hasta la identidad exacta del creador de la película, o su relación con estos sectores; esta ha venido siendo difundida por personas como Jones, y defendida por dichos medios y políticos. El mismo candidato presidencial republicano, Mitt Romney rechazó que Obama haya, según él, condenado el video más de lo que condenó los ataques. “Creo que es un terrible camino para América el pedir perdón por nuestros valores”, dijo.

La arabofobia en EEUU, sin embargo, no se reduce solo a los sectores sociales y políticos más conservadores. El trauma del 11 septiembre –el más grande que haya tenido dicho país- ha creado un gran recelo hacia el islamismo en general, antes muy respetado. Por su parte, el anti americanismo en Medio Oriente, ni nació de un día para otro ni está basado en mera retórica. Si bien la yihad (guerra santa contra Occidente llevada a cabo por grupos extremistas) empezó hace ya varias décadas, las políticas de EEUU en la región en reacción al 11-S (desde guerras sin sentido, hasta graves faltas a los derechos humanos) han profundizado el rechazo de la población general a la nación norteamericana. Esto ha sido usado como impulso por los diferentes grupos islamistas -tanto radicales como moderados- que han encontrado tras las revoluciones árabes y la caída de los viejos dictadores, un mayor espacio de acción política.

Este círculo vicioso es alimentado por etiquetas de las más simplistas (el culpar a todo EEUU por un video hecho por unos cuantos es el equivalente de culpar a la religión musulmana por los ataques del 11-S), y es aprovechado por los extremistas. Distintos medios han publicado indicios de que el asalto al consulado en Bengasi fue una acción planificada, realizada por hombres altamente armados y entrenados, probablemente de Al Qaeda, que irrumpieron en la que era hasta ese momento una protesta pacífica. Y como casi siempre pasa en la historia, los herederos de los problemas no son los que los ocasionaron. Es ahora el gobierno de Barack Obama el que tiene que lidiar con esta ardiente espiral de violencia.


El presidente Obama, ha llevado en sus 4 años de gobierno una política en Medio Oriente –si bien muy limitada- mucho más inteligente y respetuosa que la de su antecesor, George Bush, y ha hecho en varias oportunidades firmes defensas de los derechos de los musulmanes en EEUU. Sin embargo, Obama, ha sido puesto en jaque tras los asaltos a las embajadas y sobre todo tras el asesinato del embajador en Libia. Debe decidir entre mantener un discurso que llame a la calma, y cooperar con los jóvenes y moderados gobiernos post revolucionarios –que lidian con un dilema parecido-, o mostrar a sus ciudadanos una postura firme ante los gravísimos hechos. Todo esto a menos de 2 meses de las elecciones en las que busca su reelección frente a Mitt Romney, quien ha mostrado a lo largo de la campaña una torpeza y agresividad que hacen presagiar que de ser elegido, será un digno heredero de Bush.

Por lo pronto el gobierno demócrata ha entendido la complejidad del asunto y ha equilibrado, por un lado el llamado a la calma, el repudio a la película y el rechazo de cualquier participación del gobierno en su realización, con una promesa de justicia para los diplomáticos muertos. Se ha ordenado también la movilización de equipos especiales de las fuerzas armadas para impedir nuevos ataques de grupos extremistas a objetivos norteamericanos mientras duren las protestas, que no van a parar pronto.

Romney, por su parte, no ha desaprovechado la oportunidad de fustigar a Obama por su moderación, y aunque diferentes analistas consideran que el candidato republicano ha perdido una gran oportunidad de quedarse callado y mostrar cordura apoyando al gobierno, solo en noviembre se sabrá cuáles serán los efectos de la postura de cada uno en el electorado. 

El riesgo de que la espiral de odio religioso se perpetue y que valores como los de la 'primavera árabe' se pierdan es cada vez más grande.