El asesinato de la ‘primavera árabe’ y el
jaque a Obama
Si es que a lo largo de este año
los ideales originales de las revoluciones en el Medio Oriente parecían estar
perdiéndose, esta semana parecen haber sido finalmente sepultados. Los sectores
fundamentalistas islámicos, como el salafismo, aunque minoritarios entre los musulmanes, están
logrando imponer su agenda de lucha violenta contra Occidente. El islamismo
violento ha logrado desplazar de la escena a los jóvenes que lucharon –y
murieron- el año pasado en más de una decena de países por un Estado libre,
laico y democrático.
El último detonante de la
violencia ha sido una película hecha en Estados Unidos en la que se representa
al profeta Mahoma como un ladrón, estafador y mujeriego. Esta película, hecha
hace varios meses pero traducida al árabe recién hace algunos días, ha
provocado la ira del mundo musulmán. Ataques a embajadas norteamericanas se han
llevado a cabo en al menos 12 países dejando centenares de heridos y más de 15
muertos.
El martes 12 en el incidente más
grave hasta ahora, el consulado americano en Bengasi (Libia) fue tomado y el
embajador, Christopher Stevens, muerto junto a 3 funcionarios más.
Irónicamente Stevens, recordado por Hillary Clinton como un ‘enamorado de
Oriente Próximo’, había mostrado su admiración por la revolución libia del año
pasado y jugó un papel decisivo en la intervención de la OTAN a favor de los
rebeldes, fundamental para el derrocamiento final del dictador Gaddafi.
![]() |
| El embajador norteamericano en Libia murió asfixiado en el ataque |
La película, grotesca y ofensiva,
que cruza con creces el límite de la blasfemia (para la religión musulmana el
solo hecho de representar a Mahoma está prohibido), tiene su origen en el otro
lado de la moneda: los sectores cristianos fundamentalistas de EEUU. Este
sector profundamente arabofóbico, que también es una minoría del total de cristianos
americanos, ha incrementado -al igual que los islamistas anti occidentales en
Medio Oriente- su peso político y mediático en los últimos años. Ya sea a través
de políticos del Tea Party, medios ultraconservadores como Fox News o pastores
como Terry Jones que fomentan el odio religioso, estos sectores desarrollan dentro de la sociedad norteamericana una -no violenta, pero muy agresiva- lucha contra el Islam.
Si bien todavía es desconocida la
motivación o hasta la identidad exacta del creador de la película, o su
relación con estos sectores; esta ha venido siendo difundida por personas como
Jones, y defendida por dichos medios y políticos. El mismo candidato
presidencial republicano, Mitt Romney rechazó que Obama haya, según él,
condenado el video más de lo que condenó los ataques. “Creo que es un terrible
camino para América el pedir perdón por nuestros valores”, dijo.
La arabofobia en EEUU, sin
embargo, no se reduce solo a los sectores sociales y políticos más
conservadores. El trauma del 11 septiembre –el más grande que haya tenido dicho
país- ha creado un gran recelo hacia el islamismo en general, antes muy
respetado. Por su parte, el anti americanismo en Medio Oriente, ni nació de un
día para otro ni está basado en mera retórica. Si bien la yihad (guerra santa
contra Occidente llevada a cabo por grupos extremistas) empezó hace ya varias décadas, las políticas de EEUU en la
región en reacción al 11-S (desde guerras sin sentido, hasta graves faltas a los
derechos humanos) han profundizado el rechazo de la población general a la nación norteamericana. Esto ha sido usado como impulso por los diferentes grupos islamistas -tanto radicales como moderados- que han encontrado tras las revoluciones árabes y la caída de los viejos dictadores, un mayor espacio de acción política.
Este círculo vicioso es alimentado
por etiquetas de las más simplistas (el culpar a todo EEUU por un video hecho
por unos cuantos es el equivalente de culpar a la religión musulmana por los ataques
del 11-S), y es aprovechado por los extremistas. Distintos medios han
publicado indicios de que el asalto al consulado en Bengasi fue una acción planificada,
realizada por hombres altamente armados y entrenados, probablemente de Al Qaeda, que irrumpieron en la que era hasta ese momento una protesta pacífica. Y como casi siempre pasa
en la historia, los herederos de los problemas no son los que los ocasionaron. Es ahora el gobierno de Barack Obama el que tiene que lidiar con esta ardiente espiral de violencia.
El presidente Obama, ha llevado
en sus 4 años de gobierno una política en Medio Oriente –si bien muy limitada-
mucho más inteligente y respetuosa que la de su antecesor, George Bush, y ha hecho en varias
oportunidades firmes defensas de los derechos de los musulmanes en EEUU. Sin
embargo, Obama, ha sido puesto en jaque tras los asaltos a las embajadas y
sobre todo tras el asesinato del embajador en Libia. Debe decidir entre mantener
un discurso que llame a la calma, y cooperar con los jóvenes y moderados
gobiernos post revolucionarios –que lidian con un dilema parecido-, o mostrar a
sus ciudadanos una postura firme ante los gravísimos hechos. Todo esto a menos de 2
meses de las elecciones en las que busca su reelección frente a Mitt Romney, quien ha mostrado a lo largo de la campaña una torpeza y agresividad que hacen presagiar que de ser elegido, será un digno heredero de Bush.
Por lo pronto el gobierno demócrata ha entendido la complejidad del asunto y ha equilibrado, por un
lado el llamado a la calma, el repudio a la película y el rechazo de cualquier
participación del gobierno en su realización, con una promesa de justicia para
los diplomáticos muertos. Se ha ordenado también la movilización de equipos especiales de las fuerzas armadas
para impedir nuevos ataques de grupos extremistas a objetivos norteamericanos mientras duren las protestas, que no van a parar pronto.
Romney, por su parte, no ha
desaprovechado la oportunidad de fustigar a Obama por su moderación, y aunque
diferentes analistas consideran que el candidato republicano ha perdido una
gran oportunidad de quedarse callado y mostrar cordura apoyando al gobierno, solo en
noviembre se sabrá cuáles serán los efectos de la postura de cada uno en el
electorado.
El riesgo de que la espiral de odio religioso se perpetue y que valores como los de la 'primavera árabe' se pierdan es cada vez más grande.
El riesgo de que la espiral de odio religioso se perpetue y que valores como los de la 'primavera árabe' se pierdan es cada vez más grande.


